Los uruguayos debemos hacer cambios culturales profundos. Uno de ellos mirar para dentro. En nuestros hogares y en nosotros mismos. Veintisiete mujeres murieron este año por violencia doméstica, algunas mediante una brutalidad que conmueve a nuestra ciudadanía más indiferente. En el primer semestre de este año, el Ministerio del Interior recibió 14.065 denuncias de violencia doméstica. Pero hay más. Según el observatorio de la CEPAL, casi la mitad de las mujeres uruguayas, un 45%, tuvo alguna vez en su vida una relación violenta; el 43% ha vivido violencia emocional o psicológica por parte de su pareja o ex pareja; el 19,9 ha sufrido violencia económica; el 14,8, violencia física y el 6,7, violencia sexual. Todo esto, en medio de una campaña sistemática por parte de la organizaciones sociales y el sistema político.

Habrá que rasgar los muros de la indiferencia. Acercarnos a las víctimas. Aprender a actuar en los casos que identificamos con factores de riesgo. Prevenir porque luego no hay espacio para curar. Y fundamentalmente, cambiar nuestras relaciones de convivencia. Querernos más en este pasaje tan leve y fugaz que es la vida.

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