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Los que votaron la Ley de Caducidad no pensaron que era inconstitucional
Los que impulsaron el Referéndum no pensaron que los derechos humanos no se deben someter a consulta popular
Los que fueron indiferentes durante más de veinte años no pensaron que amparaban crímenes de lesa humanidad
Los que impulsaron el Plebiscito no pensaron que se podía perder otra vez
Los que lo mezclaron con las elecciones no pensaron que podía tener efectos negativos
Los que se sumaron a último momento no pensaron que para ganar una campaña se requiere más que un gesto
Los que soplaron para arriba no pensaron que lo que no suma, resta
Los que no votaron no pensaron que también les podía caer encima
Los que siguieron insistiendo no pensaron en los plebiscitos futuros
Los que aún no insisten no pensaron en las víctimas ni en las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Los que no votaron la Ley Interpretativa no pensaron que eliminar la Ley de Caducidad era una promesa establecida en el programa de gobierno electo por la ciudadanía
Los que hacen campaña en contra de la Ley Interpretativa no pensaron que suman con los cultores de la impunidad
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