A principios de octubre llegaba a la costa del balneario de Piriapolis una elefanta marina con la intención de dar a luz su cría. No era el primero de su especie que rondaba el lugar ni tampoco fue la última, en otras zonas de la costa han aparecido más. Importa decir que es una especie en extinción e importa también pensar por qué llegan a nuestras costas, de que huyen, que ocasiona este cambio de hábito. Las especies se extinguen por pérdida o cambios en su hábitat natural, caza furtiva, cambio climático y/o contaminación. No sabemos cuál de estas razones llevan a esta madre y su hija a elegir nuestras costas pero están acá y han alterado la vida del balneario. Inmediatamente se formó un perímetro para que no se les acercaran ni los curiosos ni los animales. La idea era dejar a la madre tranquila para que pudiera seguir amamantando a su cría hasta que esta se encontrara lo suficientemente fuerte como para alimentarse por sí mismo, algo que sucedería al mes de su nacimiento aproximadamente. Maravillosamente, con el asesoramiento de SOS fauna marina, los vecinos montaron guardias las 24 horas del día a distancia suficiente para no molestar, la prefectura, el municipio y otras instituciones interactuaron con conocimientos y disposiciones para preservar la tranquilidad de su estadía. Día a día, el perímetro cambia según las condiciones climáticas y la madurez cada vez mayor de la cría que ya comparte juegos con su madre en el agua y fundamentalmente mimos y lactancia en la arena.

Decir que enternecen los gestos de afecto. Las caricias de la cría a su madre. Los diálogos. La comunicación corporal y verbal podría prestarse para la incomprensión. Todos y todas, incluso las que no queremos parecer reblandecidas ante esa forma sutil de comunicación que hace honor a la vida en este planeta hemos sucumbido a gestos de asombro maravillados por la ternura natural de la que son capaces otros seres de nuestro planeta y de la que la especie humana se aleja cada vez en un espiral de desprecio a la vida humana que no estamos pudiendo comprender ni detener.

Esta experiencia de la comunidad de Piriápolis y aledaños quedará grabada en la memoria. Porque en ella, en mayor o menor medida todes nos sentimos parte. Y porque todes hemos aprendido algo. Quizá su visita no sea sólo para que nosotres les ayudemos a conservar su especie, quizá su presencia es para que nosotres aprendamos a conservar la nuestra con amor, generosidad, y cuidado por la vida.

 


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